Descubren a Linya, la Homo sapiens que fue enterrada hace 14.000 años a los pies de los Pirineos

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Patricia BioscaSEGUIRMadrid
Actualizado:16/06/2021 20:30h
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La Cova Gran, en el municipio leridano de Avellanes Santa Liña, en la comarca de La Noguera, guarda entre los sedimentos la historia de los humanos que han vivido allí en los últimos 50.000 años. Desde los neandertales a los primeros Homo sapiens, siguiendo por los primeros agricultores y ganaderos, nuestros antepasados se resguardaban en esta visera de roca de unos veinticinco metros de altura de las inclemencias del tiempo. Desde 2002, cuando el Centro de Estudios del patrimonio Arqueológico de la Universidad Autónoma de Barcelona (CEPARQ-UAB) comenzó con las excavaciones, se han hallado miles de restos de herramientas de piedra, sílex, agujas de coser e incluso puntas de jabalina de hueso. Pero nunca restos humanos. Hasta el año pasado, cuando el equipo halló en una zona a dos metros de profundidad y, a priori, poco prometedora, algunos huesos de una Homo Sapiens que vivió hace unos 14.000 millones de años. Su nombre: Linya, la mujer de La Noguera.

En las excavaciones durante el verano pasado, el equipo encontró una falange. Tras la sorpresa y la incredulidad iniciales –estaban investigando en una zona rocosa, a unos cuarenta metros de donde se habían hallado la mayoría de los restos dejados en el día a día de nuestros ancestros nómadas–, llegó la confirmación de que, en efecto, eran huesos humanos. Entonces el grupo se reestructuró con especialistas que empezaron a dar con más y más huesos. De momento, se han rescatado los fémures –uno de ellos conectado con la pelvis, lo que les dio la pista para saber que se trata de una mujer–, los huesos largos de los brazos y algunas partes de las costillas, las vértebras y del cráneo de lo que, con toda certeza es una mujer, posiblemente de entre 17 y 20 años, de tamaño pequeño y que, según las pruebas del carbono 14, vivió hace entre 14.400 y 13.500 años, en el final del Paleolítico Superior.

«El cuerpo estaba en una posición decúbito supino dentro de una formación arqueológica formada por rocas que han caído, lo que nos dice que hay intencionalidad en el entierro, ya que los cadáveres de forma natural no quedan así tras la muerte», explica a ABC Rafael Mora, Catedrático del Departamento de Prehistoria de la UAB e investigador del CEPARQ. Es decir, que utilizaron una suerte de ‘nicho’ accidental, un hueco creado al caer las rocas de la cueva, para introducir el cuerpo que ahora ha sido rescatado casi en su totalidad salvo la mayoría de las piezas del cráneo, que se encuentran a más profundidad y tendrán que ser rescatadas con sumo cuidado en los próximos años. «Es posible que encontremos grabados en la roca o un ajuar funerario y tenemos casi la total seguridad de que se trata de un enterramiento ritual, porque de otra forma los depredadores habrían eliminado estos restos».

Vista de la Cova Gran – CEPARQ-UAB

Aun así, y aunque los enterramientos intencionados en Homo sapiens no son algo extraño, el equipo se muestra cauto, ya que la hipótesis no se podrá demostrar con certeza hasta que acaben los trabajos. «No se nos escapa la necesidad de ser cautos a la hora de afirmar que se trata de un entierro intencionado», afirma en un comunicado Jorge Martínez-Moreno, investigador del CEPARQ. «El tratamiento mortuorio entre los cazadores-recolectores señala varias posibilidades, que oscilan entre un entierro intencional, un entierro secundario, una aportación parcial del cuerpo, canibalismo o muerte accidental. Estos escenarios los tendremos que evaluar en función de los resultados que proporcione la excavación del espacio en el que han aparecido los restos».

En ese nivel de sustrato también aparecieron abundantes restos de fauna y herramientas, si bien alejados del lugar en el que se han encontrado los restos de Linya. «La Cova Gran era utilizada por cazadores recolectores que pasaban desde unos días hasta meses instalados allí, utilizándolo de vivienda de paso hasta que los recursos se agotaban y buscaban otro sitio», explica Mora.

Un clima convulso

Linya y sus congéneres vivieron en un momento climatológicamente convulso. Hace unos 14.700 años, las condiciones climáticas globales eran extremadamente frías, pero cambiaron de forma repentina en menos de 100 años hacia un nuevo régimen climático similar al actual. Este evento, conocido como oscilación de Bölling/Allerød, entre 14.700 y 12.900 antes del presente, se caracterizó por un aumento de la temperatura y la pluviosidad, que provocó cambios ecológicos relevantes.

Aunque el impacto de este evento sobre el Prepirineo es poco conocido, algunos indicadores recuperados en Cova Gran permiten analizar su impacto: el estudio de los carbones indica que los grupos humanos que se instalaron durante la Última Glaciación usaron como combustible solo madera del pino de montaña. Pero en las excavaciones se han hallado además restos de nuevas especies más cálidas, como el enebro, el cerezo y el espino cerval, lo que indica que también pudieron subir las temperaturas en la zona.

Pocos restos de Homo sapiens en la península ibérica

En la península ibérica se han hallado muy pocos restos humanos del Paleolítico Superior Final (entre 20.000-12.000 años). «Puede haber varios factores, como que el clima influyera en la conservación de los huesos o que el terreno de las excavaciones no sea lo suficientemente amplio», apunta Mora. Es por ello que el descubrimiento de Linya «es un hecho relevante» que puede aportar muchas claves sobre cómo vivían nuestros antepasados cazadores-recolectores al final del Pleistoceno.

De hecho, a los investigadores les llamó la atención que fuera una mujer la enterrada en la Cova Gran, igual que los restos recuperados en la Cueva del Mirón (Santander), la llamada Dama Roja, que datan de hace 20.000 años. «¿Por qué una mujer? Esto es interesante», señala Mora. Además, los restos pueden dar claves de la conexión de estos moradores con otras poblaciones europeas y Linya puede contener en sus genes más claves para descifrar el enigma.

De momento, los trabajos continuarán para poder arrojar luz sobre la vida de los Homo sapiens en la península ibérica en general y de Linya en concreto: «Saber el porqué de las causas que llevaron a que apareciera en un espacio configurado por grandes bloques profundizará en el conocimiento sobre los comportamientos y decisiones tomadas por aquella gente ante un hecho trascendente y cotidiano como es el de la muerte: qué tratamiento siguieron aquellos que forman parte de nuestro colectivo, pero que ya no están presentes. Los restos de Linya generan múltiples desafíos, que esperamos poder revelar los próximos años», concluyen los investigadores.

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