el Curiosity no lleva ocho años estudiando el lecho de un antiguo lago

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Hallan restos humanos en lago de EEUU vaciado por sequía

Las autoridades hallaron más restos humanos en la zona recreativa del Lago Mead al este de Las Vegas, donde las aguas han cedido debido a la sequía que agobia a la región, se informó el domingo. Es la cuarta vez que se descubren restos humanos en la zona, en momentos en que la sequía que afecta al oeste de Estados Unidos hace bajar las aguas en el río Colorado detrás de la Represa Hoover. Funcionarios del utilidad Guardabosques fueron convocados al aldea en la frontera entre Nevada y Arizona a eso de las 11 a.m. del sábado, al descubrirse los restos óseos en Swim Beach. Poco después, un equipo policial y de rescate fue para extraer los restos. Las autoridades dijeron que tratarán de establecer la causa de muertes, y al mismo tiempo escudriñarán registros sobre personas desaparecidas. El 1 de mayo fue hallado un barril con restos humanos cerca de Hemenway Harbor. La policía maneja la hipótesis que se trata de un hombre que murió baleado y cuyo cuerpo fue arrojado allí entre mediados de los los setenta e inicios de los ochenta. Pocos días después fueron hallados restos esqueléticos en Calville Bay. Y luego, el 25 de julio, fueron hallados más restos humanos en Boulder Beach. La policía ha especulado que al ceder más las aguas se descubrirán más restos. Los hallazgos han desatado teorías sobre casos antiguos de personas desaparecidas o asesinadas, quizás vinculados al crimen organizado y a la fundación de la ciudad de Las Vegas, que está a apenas 30 minutos en carro del lago. Las aguas del lago han caído más de 52 metros (170 pies) desde la última vez que el embalse estaba lleno, en 1983. La caída de las aguas ocurre en momentos en un creciente número de estudios científicos apuntan a que el planeta se está calentando, principalmente debido al aumento de los niveles de dióxido de carbono y otros gases que quedan atrapados en la atmósfera.

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Patricia BioscaSEGUIRMadrid
Actualizado:10/08/2021 17:15h
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Las misiones espaciales se preparan, de media, con una década de antelación: primero se diseñan ‘sobre papel’, para después desarrollar la tecnología y, finalmente, ser lanzadas a sus destinos para hacer ciencia. Y, aunque normalmente su trabajo de campo suela tener una duración determinada, esta se suele ampliar durante algunos años más. Un claro ejemplo es Curiosity: la NASA aprobó la misión en 2006 y, tras una serie de retrasos, llegó a Marte en 2012. A pesar de tener una vida útil de 23 meses, lleva sobre el Planeta Rojo nueve años. Y sumando.
Uno de sus primeros hallazgos fue una supuesta corriente seca por donde antaño fluyó el agua, confirmando que, efectivamente, el cráter Gale, donde había

 aterrizado, era el lecho de un lago antiguo. Ahora, un nuevo estudio contradice esta teoría y afirma que durante los últimos ocho años Curiosity solo ha estado analizando limo y sedimentos depositados por el viento marciano. Las conclusiones se acaban de publicar en la revista ‘
Science Advances’.

Según la teoría dominante, el cráter Gale era un antiguo lago que tuvo agua hace más de 3.000 millones de años. En base a esto, Curiosity lleva realizando análisis geológicos de la zona durante más de 3.190 soles (o días marcianos, que equivalen a 3.278 días terrestres). Sin embargo, investigadores del Departamento de Ciencias de la Tierra, la Facultad de Ciencias de la Universidad de Hong Kong (HKU), han propuesto que los sedimentos medidos por el rover durante la mayor parte de la misión en realidad no se formaron en un lago, sino que el gran montículo de rocas que el rover lleva explorando todo este tiempo en realidad es arena y limo depositados tras la caída de aire de la atmósfera y reubicados por el viento.

No era un lago, sino un desierto

«Demostramos que algunos patrones químicos muy importantes en las rocas no se pueden explicar en el contexto del entorno de un lago», afirma Joe Michalski, uno de los autores del equipo, liderado por los investigadores chinos Jiacheng Liu y Mei Fu Zhou. «El punto clave es que algunos elementos son móviles, o fáciles de disolver en agua; y otros elementos son inmóviles, es decir, permanecen en las rocas. Que un elemento sea móvil o inmóvil depende no solo del tipo de elemento, sino también en las propiedades del fluido. ¿El fluido era ácido, salino, oxidante, etc.? Los resultados de Jiacheng muestran que los elementos inmóviles están correlacionados entre sí y fuertemente enriquecidos en elevaciones más altas en el perfil de la roca que se ve en el suelo marciano. Además, muestra que el hierro se agota a medida que aumenta la meteorización, lo que significa que la atmósfera en ese momento se estaba reduciendo en el antiguo Marte».

Lo que proponen los autores es que en la zona solo existían unos lagos muy pequeños y poco profundos y la mayoría de sedimentos llegaron allí transportados por el viento. Es decir, que los minerales analizados que, realmente sí que están formados por la interacción entre el agua y la arena, en realidad no ocurrieron en un antiguo lago, sino en algo más parecido a lo que vemos, un desierto. Así, la arena se habría alterado por la ‘lluvia’ de una atmósfera antigua, muy diferente a la actual, que habría propiciado el ambiente ‘húmedo’, no las aguas de un lago extinto. Algo parecido a lo que ocurre en los desiertos terrestres, cuando el agua del ambiente se evapora en el día y vuelve al suelo de noche, transformado en escarcha. De hecho, recientes estudios han encontrado pruebas de que un proceso similar se da en la actualidad sobre la
superficie de nuestra Luna, creando ‘zonas frías’ en las que se puede almacenar el agua.

Las incógnitas de Marte

Aunque la tecnología humana lleva dos décadas sobre los suelos de Marte, el Planeta Rojo aún nos tiene reservadas muchas preguntas. Es una incógnita si la vida afloró alguna vez en nuestro vecino –de hecho, dar respuesta a esta pregunta es el principal cometido del
Perseverance, el rover sucesor del Curiosity– y, además, puede darnos las claves de qué ocurrió aquí, en la Tierra, al principio de los tiempos. Y no solo la NASA se encuentra sobre el terreno marciano: el
rover chino Zhurong está recorriendo las llanuras de Utopia Planitia en busca de pistas mineralógicas y químicas de un posible cambio climático reciente. Y la idea de ambas agencias espaciales es traer muestras a la Tierra a corto y medio plazo.

«Obviamente, estudiar Marte es extremadamente difícil, y es necesaria la integración de metodologías creativas y tecnológicamente avanzadas», afirma Ryan McKenzie, otro de los autores. «Liu y su equipo han realizado interesantes observaciones mediante la utilización de técnicas de teledetección para comprender la composición química de los sedimentos antiguos. Sus datos presentan desafíos a las hipótesis existentes tanto para el entorno de depósito de estas formaciones como para las condiciones atmosféricas en las que se formaron. Este trabajo inspirará nuevas y emocionantes direcciones en investigaciones futuras».

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