«Ser mujer en México es salir a diario con miedo»

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Hallan restos humanos en lago de EEUU vaciado por sequía

Las autoridades hallaron más restos humanos en la zona recreativa del Lago Mead al este de Las Vegas, donde las aguas han cedido debido a la sequía que agobia a la región, se informó el domingo. Es la cuarta vez que se descubren restos humanos en la zona, en momentos en que la sequía que afecta al oeste de Estados Unidos hace bajar las aguas en el río Colorado detrás de la Represa Hoover. Funcionarios del utilidad Guardabosques fueron convocados al aldea en la frontera entre Nevada y Arizona a eso de las 11 a.m. del sábado, al descubrirse los restos óseos en Swim Beach. Poco después, un equipo policial y de rescate fue para extraer los restos. Las autoridades dijeron que tratarán de establecer la causa de muertes, y al mismo tiempo escudriñarán registros sobre personas desaparecidas. El 1 de mayo fue hallado un barril con restos humanos cerca de Hemenway Harbor. La policía maneja la hipótesis que se trata de un hombre que murió baleado y cuyo cuerpo fue arrojado allí entre mediados de los los setenta e inicios de los ochenta. Pocos días después fueron hallados restos esqueléticos en Calville Bay. Y luego, el 25 de julio, fueron hallados más restos humanos en Boulder Beach. La policía ha especulado que al ceder más las aguas se descubrirán más restos. Los hallazgos han desatado teorías sobre casos antiguos de personas desaparecidas o asesinadas, quizás vinculados al crimen organizado y a la fundación de la ciudad de Las Vegas, que está a apenas 30 minutos en carro del lago. Las aguas del lago han caído más de 52 metros (170 pies) desde la última vez que el embalse estaba lleno, en 1983. La caída de las aguas ocurre en momentos en un creciente número de estudios científicos apuntan a que el planeta se está calentando, principalmente debido al aumento de los niveles de dióxido de carbono y otros gases que quedan atrapados en la atmósfera.

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Las marchas por el 8 de marzo en la Ciudad de México han vuelto a chocar contra el muro de metal levantado para proteger el Palacio Nacional, donde vive y despacha el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. Este y otros edificios históricos, así como monumentos y algunos comercios, estaban vallados para protegerlos de las manifestantes.

Ha habido algunos altercados, sobre todo al final de la jornada, que termina con un saldo preliminar de 12 heridos, nueve civiles y tres mujeres policías, de las 3.000 que vigilaban las movilizaciones. Algunas agentes incluso se han sumado por momentos a la protesta. Es una de las imágenes que, más allá de las pintadas, las llamas y los vidrios rotos, deja este día en el que 50.000 mujeres, una cifra histórica, han salido a la calle para exigir a las autoridades que pongan fin a la violencia hacia ellas.

En México matan a diario a 10 mujeres, lo que supone que en apenas tres años de gobierno de López Obrador han sido asesinadas más de 10.000. En menos de un tercio de los casos se considera, sin embargo, que fueron feminicidios. Es decir, que las mataron por ser mujeres.

Para entender lo que significa ser mujer en México hoy en día, hablamos con seis veinteañeras que nos explican cuáles son sus motivos para participar en esta jornada reivindicativa. Todas ellas salen a la calle con miedo de no volver a casa, van siempre acompañadas y se comunican entre ellas o con sus madres constantemente. La mayoría ha sufrido acoso o algún tipo de violencia, varias de ellas conocen a alguna víctima de feminicidio y, en el caso de Naila, la asesinada fue su madre.

Karime, una joven de 23 años indignada por los feminicidios

Se presenta como Karime, a secas. No quiere dar su apellido por temor a represalias. No precisa de qué tipo. Tiene 23 años y cubre su rostro con el pañuelo verde en apoyo al derecho al aborto, recientemente reconocido en México por la Corte Suprema de Justicia, aunque todavía pendiente de aplicar en la mayoría de los 32 estados del país. Este 8 de marzo, precisamente, se ha sumado uno más, Sinaloa.

Karina posa mientras sujeta una pancarta morada en la que puede leerse la frase «estás preciosa cuando luchas por tus derechos» I. HERRÁIZ GÓMEZ

«Vine al 8 de marzo para protestar por los actos machistas, para que los feminicidios disminuyan» sentencia esta joven que lamenta que las autoridades se preocupen más por cuidar de los monumentos que de ellas. Tiene detrás las vallas que protegen el Palacio Nacional y tiene en mente las palabras de su inquilino.

El presidente mexicano, López Obrador, no ha dejado de advertir en los días previos al 8 de marzo de que había grupos organizados para sembrar el caos, asegurando además que estaban infiltrados por la oposición de derechas para, según él, dañar a su gobierno. 

Esta postura, además de a Karime, ha indignado a muchas otras mujeres, que agradecerían que el mandatario dedicara el mismo tiempo a condenar la violencia que ellas sufren.

Naila perdió a su madre por «una bala perdida»

«Yo soy Naila». Es la carta de presentación de esta veinteañera que quiere «alzar la voz en nombre de las que ya no están». Y una de las que ya no están es su madre. «Estoy aquí protestando por el feminicidio de mi madre, Julia, que murió a sus 40 años por una bala perdida«.

Naila posa sujetando una pancarta morada en México I.HERRÁIZ GÓMEZ

México es un país lleno de madres que buscan justicia para sus hijas. Madres que no pudieron acabar la secundaria y ahora estudian leyes para lograr encerrar a los asesinos de sus hijas. Madres que lo abandonan todo para recorrer el país siguiendo el rastro de sus hijas, buscando literalmente hasta debajo de las piedras. En México hay más de 25.0000 mujeres desaparecidas.

Y están casos como el de Naila. El de hijas que luchan por sentar en el banquillo al que considera culpable de la muerte de su madre, un excomandante de la policía de Ecatepec al que apodan el Porkys.

Alexia: «Estoy aquí porque parece que solo así nos escuchan»

«Estoy aquí porque parece que solo así nos escuchan». La de Alexia es la misma impresión que tienen muchas mujeres mexicanas, decepcionadas con un Gobierno que prometía transformar el país, pero parece ignorar sus reclamos.

López Obrador es poco partidario de las políticas dirigidas únicamente hacia las mujeres y defiende que la mejor forma de acabar con las brechas, y la violencia machista, es a través de sus programas sociales, que benefician tanto a hombres como a mujeres. Son su principal apuesta para reducir la pobreza y la desigualdad en el país.

Alexia sujeta una pancarta morada en la que está escrito: «En memoria de todas las niñas a las que no les creyeron» I. HERRÁIZ GÓMEZ

El mandatario mexicano dedica dos horas diarias a divagar sobre los temas más diversos en sus conferencias de prensa matutina, pero rara vez habla de las mujeres y de lo que significa serlo en México.

Se lo explica Alexia, que no sale de casa si no es acompaña de su madre: «Es difícil caminar sola, con miedo, estar a las vivas (pendiente) de quien te viene siguiendo. Llevo además, de manera muy disimulada, un Taser (para dar electrochoques) por si alguna vez, dios no lo quiera, lo llegase a ocupar (necesitar)».

Liliana protesta contra la impunidad de los abusadores

A sus 20 años, ha salido a protestar para «exigir justicia por todos los que han denunciado a sus abusadores y aún no se ha hecho nada». La impunidad en México para muchos delitos es casi total. Más del 90 % de los casos no se resuelven y eso explica tanto los niveles de violencia en el país como que muchas mujeres no se molesten o no se atrevan a denunciar.

Liliana sujeta una pancarta: «No somos histéricas, somos historias» I. HERRÁIZ GÓMEZ

En el segundo semestre de 2020, el 98,6 % de los casos de violencia que sufrieron las mujeres mayores de 18 años no se denunciaron. Muchas se siente completamente desamparadas.

«Ser mujer en México es salir a diario con miedo a las calles. Tener que estar avisando a todos tus familiares con quien estas, en donde estas por miedo a que pase algo» concluye Liliana

Ana, víctima del acoso

Su testimonio es tajante. «Yo solamente quiero decir que tengo una hermana pequeña y que quiero que ella no pase por las cosas que yo he tenido que pasar y por las que estoy aquí». Ana es parte del 66 % de mujeres en México que asegura haber sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

Ana posa mientras sujeta una pancarta morada en México I. HERRÁIZ GÓMEZ

En su caso, dice haber sufrido acoso desde la primaria hasta ahora. Otro espacio que Ana señala como «no seguro» es el transporte público. Según un estudio de ONU Mujeres de 2019, en la Ciudad de México el 96 % por ciento de las mujeres dijo haber sido víctima al menos una vez de agresiones verbales, contacto físico forzado o persecución en el metro o en el autobús. Por ello, muchas mujeres deciden usar una vestimenta más discreta si van a usar el transporte público.

Pensando de nuevo en su hermana pequeña, Ana termina explicando que no quiere que nadie le diga a ella que no puede ser algo porque ese algo es para hombres o que se tiene que comportar de determinada manera por ser mujer. «Ya no».

Sua, un silencio desgarrador

Igual de escueto que su nombre es su testimonio. Sua calla más de lo que dice por necesidad. Cada palabra parece desgarrarla hasta que rompe a llorar.

«Estoy aquí porque soy mujer y sé lo que significa serlo, sé lo que es avisar para que llegues, sé lo que es tener a una madre preocupada por ti para que llegues. Sé todo lo que conlleva y entonces yo no quiero que otras mujeres pasen lo mismo«, cuenta.

Balbuceando alcanza a pronunciar su última frase: «Por eso se lucha porque no queremos que otras niñas pasen por lo que pasamos nosotras o nuestras mamas o nuestras abuelas pasaron» Y termina con un «gracias» antes de correr a abrazarse con sus amigas, que saben perfectamente qué es eso que Sua no ha querido preguntar y que a nosotros no se nos ocurre preguntar.

Sua durante la marcha del 8M en México I. HERRÁIZ GÓMEZ